Flexible como el bambú
Piensa en el bambú que se dobla al viento, pero no se rompe. Su fuerza no está en la rigidez, sino en la flexibilidad para doblarse ante la tormenta. La flexibilidad psicológica es eso: la capacidad de movernos, abiertos y conectados con lo que más nos importa, incluso cuando la vida nos desafía.
En estos tiempos estresantes, ansiosos y sobreexigidos, esta habilidad es una herramienta para apoyarnos con humanidad. No es “pensar positivo” ni “reprimir las emociones”, sino saber estar con lo que es -aunque duela- y continuar hacia una vida con sentido.
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) , la flexibilidad psicológica se entiende como la habilidad de hacer contacto con el momento presente, aceptar la experiencia interna y actuar en línea con los propios valores (Hayes, Strosahl & Wilson, 2012).
En otras palabras, es la habilidad de sintonizar con lo que experimentas (abrirte a lo que sientes), reconocer lo que piensas y responder conscientemente en vez de reaccionar ciegamente. La investigación científica ha verificado que la flexibilidad psicológica se relaciona con mayor bienestar, resiliencia emocional y salud mental en general (Kashdan & Rottenberg, 2010).
Cuando somos flexibles psicológicamente, la mente deja de ser un campo de batalla y se convierte en un campo de observación. La ansiedad, la tristeza o la culpa no se van, pero ya no nos controlan. Y desde ese lugar más libre, podemos ir eligiendo acciones que nos vayan conduciendo a la vida que deseamos vivir.
Una de las trampas más frecuentes de la mente humana es el control del malestar. Pensamos que si eliminamos las “emociones negativas”, entonces podremos vivir. Pero la investigación en ACT revela lo contrario: cuanto más tratamos de reprimir pensamientos o sentimientos, más fuertes se vuelven (Hayes et al., 2012).
Imaginemos a una persona con miedo a hablar en público. Si trata de “no tener ansiedad”, está poniendo la atención en controlar el miedo, no en comunicarse con sentido. Esa batalla interna intensifica la tensión. La opción flexible sería identificar el miedo como una señal, darle espacio en el cuerpo, respirar y seguir moviéndose en dirección al valor de compartir un mensaje.
Esa es la clave de ACT: aceptación y compromiso. Aceptar no es resignarse, es dejar de luchar contra lo inevitable. Y comprometerse no es obligarse, es elegir conscientemente los caminos que nos llevan a lo que más nos importa.
El mindfulness es una herramienta para desarrollar la flexibilidad psicológica. Implica poner la atención, de manera intencionada y sin juzgar, al aquí y ahora (Kabat-Zinn, 2003). Observando los pensamientos y las emociones, aprendemos a no identificarnos con ellos, a darnos cuenta de que “tener un pensamiento” no es lo mismo que “ser ese pensamiento”.
Por ejemplo, no es lo mismo identificarme con el pensamiento “no soy suficiente” que reconocer que “estoy pensando que no soy suficiente”. Esa distancia crea libertad.
Como señala Russ Harris (2019), la libertad no es sentirse bien, sino vivir bien, incluso cuando te sientes mal.
Esa es la belleza de la flexibilidad psicológica: no tienes que estar bien para vivir bien. Puedes caminar con tus emociones a cuestas, con ternura y compromiso.
El cambio se inicia cuando dejamos de preguntarnos “¿por qué a mí?” y pasamos a preguntarnos “¿qué puedo hacer, con lo que tengo, para vivir de acuerdo a lo que más valoro?”. La flexibilidad psicológica no te garantiza una vida sin dolor, pero sí una vida más rica, más libre, más en línea con quien eres. Y eso, en definitiva, es crecer.
REFERENCIAS
Harris, R. (2019). ACT Made Simple: An Easy-to-Read Primer on Acceptance and Commitment Therapy (2nd ed.). New Harbinger Publications.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). The Guilford Press.
Kabat-Zinn, J. (2003). Mindfulness-based interventions in context: Past, present, and future. Clinical Psychology: Science and Practice, 10(2), 144–156. https://doi.org/10.1093/clipsy/bpg016
Kashdan, T. B., & Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.001




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